Mostrando entradas con la etiqueta Prosas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Prosas. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de diciembre de 2009

Cuervigato

Cuando deje de caer la que está cayendo me vestiré de filigranas o de animal patético y te iré a buscar con billetes robados y dinero dibujado por niños gánsteres, en un coche hecho de plastilina y con ruedas de botones, que correrá veloz como los ratones. Saldré a las calles con mis orejas deformadas y los ojos cerrados para no ver a nadie, aunque el mundo si me verá y se reirán de mí y me señalarán con sus dedos en llamas, hasta que yo hable en mi idioma de cuervigato que somete la ira de las bestias si les haces juegos de manos.

Luego, cuando te haya alcanzado te agarraré con mis garras y nos trasladaremos hasta un llano de fango donde un globo anfibio estará hinchado y listo para irnos, después me abrazaras a más de un palmo, con tu mirada de amor desgastado y tu bata de cola acolchada, nos abrigará en las cumbres y mis zarpas de garza rasgarán el cielo para hacer sonar la melodía que nos cantará una nana y viviremos eternamente, aunque solo comamos cristal de nube o el viento siga acatarrado y entonces gritare, ¡sube, sube y dame paso, que llevo pies de gato y genes de cuervigato!

Yoyo

miércoles, 21 de octubre de 2009

Las 4 estaciones de mi alma

El invierno del pasado, que en las noches desnudas de abrigo, se abraza al subconsciente relajado, y hace de mí un muñeco desquiciado, incoherente, ilógico e irracional, ese pasado que una intentar superar, consiguiéndolo en ocasiones, y en otras evaporándose y quedándose en simples intentos absurdos. El invierno de comentarios indignos, de sentimientos incomprensibles, de momentos caídos, el invierno de abrazos rotos, de besos falsos, de arañazos del viento, de ese viento que pasa y se lleva el aliento robado, el sueño esperado, la sonrisa nacida, la caricia dolida…

El otoño de momentos contados, de situaciones cálidas, de amores disfrutados, de ráfagas de aire que llegaron en forma de caricias y que fueron cayendo como las hojas que caen de los arboles poco a poco y sin miedo posándose en el pensamiento como un recuerdo tierno, sentido, disfrutado… ese otoño que permanece en la mente, por ser delicado, dulce, ensoñador y que me hace recordar que una vez tuve lo que debía tener…

La primavera que mis letras me otorgan, que la capacidad del deseo me regala y que algunas manos, muy pocas, me ofrecen con el paso de los días, la primavera que me da la oportunidad de volver a creer en la capacidad de amar del ser humano, las flores que aun con los ojos abiertos puedo vislumbrar, pensar que puedo llegar a lograr una familia, una vida, aquella vida que una día desapareció sin más…

El verano, la claridad, el sol, el calor, la serenidad… de saber que algo puede suceder o del mismo modo se puede romper o simplemente desaparecer, y yo igual mantenerme tranquila, sin miedo y sin desesperar por lo que pueda suceder, porque las cosas, los momentos, las vivencias e incluso las personas tienen sus propias estaciones que hay que respetar…

Y yo... me quedaré sentada, anhelando, soñando y viendo pasar a las personas, las cosas, los momentos, las vivencias… por las cuatro estaciones de mi abnegada alma.

Yoyo

viernes, 19 de junio de 2009

Aprenderás

(Inspiración a partir de un texto de William Shakespeare)

Con el tiempo, con los años aprenderás donde puedes colocar tu mano, a quien puedes darla y a quien no, con el tiempo, sabrás ver la diferencia entre amigo, enemigo o conocido, aprenderás a que un alma no se puede socorrer porque sí, sino que, se puede acompañar y quizás así, tengas una mínima oportunidad de ayudarla y de sostenerla en pie para que no caiga.

Aprenderás que amar no significa perderse, que los besos no son contratos, ni regalos ni promesas y que cada uno que das, tienen su algo especial, que ninguno es igual al otro, que tienen diferentes colores, olores, estados y que incluso pueden hablar.

Con los años podrás aprender que nada es lo que parece, y lo que parece nada es, que caminamos solos y que el ser humano, tiene la capacidad tanto de amar como de odiar. Quizás hasta puedas aprender que estar acompañado no significa que la soledad se haya marchado. Con el tiempo quizás empieces a aceptar tus derrotas y puedas mirarlas a la cara como lecciones de nuestro camino.

Aprenderás que nadie es tan bueno ni tan perfecto, te darás cuenta que no hay juegos sin jugadores perversos, y que tras tus pasos llevas el silencio de un mañana incierto y que es mejor vivir el minuto concedido que perderse en un futuro etéreo a nuestro cuerpo y que tiene la mala costumbre, de caer siempre al vacío.

Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado, pero que no por eso te debes de esconder, sino que aprenderás a ponerte protección antes de andar con la piel descubierta ante los demás.

Con el tiempo también lograrás aprender que la libertad no está en lo que nos dejen hacer o decir, sino que se haya dentro de nosotros mismos, aprenderás a que no te hieran cuando te ataquen y quizás hasta logres perdonar, porque eso en verdad…es la palabra libertad.

Aprenderás que la confianza lleva años construirla y apenas unos segundos para destruirla, aprenderás a hablar no solo a los demás también a ti mismo, ante el espejo de la verdad, ante el silencio de tu soledad, aprenderás a escuchar a tu corazón sin olvidar la razón, y quizás algún día logres equilibrar la balanza entre los dos.

Con el tiempo también aprenderás a dejar volar a viejas amistades y que las nuevas merecen la oportunidad de crecer con los años, aprenderás que no hay que cambiar de amigos, si estás dispuesto a aceptar que los amigos cambian, que hay amigos de un solo día y amigos para toda la vida y que esos son la única familia que nos está permitido elegir, por lo tanto también aprenderás a cuidarla y a respetarla.

Aprenderás que héroes no son aquellos que vemos en las series de la caja tonta, sino que héroes son, todos aquellos que aun equivocándose hicieron lo que creyeron necesario enfrentando las consecuencias y que demostraron un poco de humildad sabiendo decir un “perdón” o un “lo siento”.

Con los años, te darás cuenta que tienes derecho a sentir rabia, y no por eso serás peor persona, pero tampoco te dará el derecho de ser cruel con las personas de tu alrededor. Aprenderás que no solo tienes que aprender a perdonar a los demás sino que también deberás aprender a perdonarte a ti mismo como también aprenderás que con la misma severidad que juzgas también serás juzgado y en ocasiones hasta serás condenado.

Por eso hemos de aprender con urgencia, que el camino no es el que nos imponen o el que nos está predestinado, porque no hay un destino señalado sino que nuestro camino lo vamos formando nosotros mismos, con nuestros logros y errores para al final aprender que la vida es una serie de líneas rectas, curvas, inconexas, que suben y bajan, que no tienen una metodología simple, que no es el vecino, el amigo o el amante, el que tiene el lápiz para trazarlas, sino que, el lápiz que traza nuestro destino está en nuestra mente y se arrastra invisible con nuestros pasos y si se logra aprender todo lo anterior entonces, solo entonces, cuando ese lápiz escriba su punto final, esos pasos dados que antes eran invisibles se vuelvan visibles para que, los que queden atrás jamás te lleguen a olvidar y puedas vivir no en sus mentes si no en sus corazones eternamente.

Yoyo

(Volviendo con cautela... se os echaba demasiado de menos)

miércoles, 14 de enero de 2009

Limite o Provocación

El límite del amor que impone la orilla en nuestra primera inocencia como sujetos de una edad prolongada, va tomando nombres prestados a lo largo del omnipotente curso de la vida. Esta primera identidad poética, por quererse trascendente, corresponde a la juventud, donde nos caracterizan por permanecer en nuestro lado, en nuestra orilla, sin mojarnos, por querer la vida, la visión del otro es otra mirada de frente, la imagen mezclada de nuestro propio reflejo. Y como postura vital se nos promueve acorazar nuestro emplazamiento, repitiendo incansablemente señas de presencia y resistencia.

El disfrute de ese mundo frontal se vive desde plataformas con opuesto dueño, que recuperan su sentido central, más en un retorno fiel a su posición inicial se desgasta en logros de ida y vuelta.

La relación frontal nos permite gozar del límite que se reencuentra; del deseo que coincide en un territorio intermedio; de la ilusión de igualar dos pasiones encalladas en una llama pseudo-gemela.

La juventud poética nos instala en una perenne sintonía dual donde aprendemos a repararnos por los finales, por las aristas casi desgastadas a través de los años, comprobando nuestra figura totalmente alterada, la recomposición de nuestro lugar en el límite nos parece la razón más profunda del existir, desatendiendo a veces la temporalidad del transcurso que nos toca.

Pero entonces, las orillas son en realidad la orilla, el comienzo de una aventura esencial, que en otras edades presentía otros bordes de libertades incoherentes, aquella juventud que nos hacía fuertes y con la paciencia suficiente para esperar en el borde de la orilla a que el amor se lanzara al agua para besarnos, porque nosotros, nosotros teníamos tiempo para todo, un tiempo que ahora nos muerde el estomago y pellizca el sueño amatorio con infamia y alevosía.

Y ahora aunque el placer nos haya invadido la costa, comenzamos a adivinar un anhelo devastador por compartir..., un territorio transcendido a la poesía, al juego de miradas, a las caricias palabreadas en su más pura existencia, comenzamos a sentir el amor como tal, como la poesía que no deja hablar o como la prosa que muda habla sin parar, aquella que se atraviesa en la garganta, con remolinos de mariposas en el estomago, como el agua de la orilla que nos dibuja el limite inamovible de lo impredecible haciéndonos temblar y aun así sentimos la tendencia de traspasarlo, aunque sea solo con nuestros labios, mojándolos con la salubridad que acompaña a la misma vida.

Pero, y que sucede cuando nos encontramos de frente con la cara maldita del limite, ante esa orilla limítrofe, que ¡¡¡si!!! Limitaba nuestro quehacer adulto, nuestras ganas de quererlo todo, la vomitiva reacción del ser humano como tal, las avariciosas falanges que todo lo toman y del mismo modo todo destrozan, son estos los bordes de las otras edades? Esos donde la juventud poética nos instalaba en una perenne sintonía dual?

Y que sucede si todo se rompe, justo cuando nos estamos ahogando en el tiempo?, cuando creemos que no quedan horas para el ungir placentero de una sonrisa en el cuello?

La lastima se apodera de nuestra cara, el dolor supera la fina capa de nuestra esperanza, y odiamos llorar, y nos negamos a ello, para combatir en las guerras de los sentimientos, y algunos incluso logran olvidarse de llorar, olvidándose por ello de vivir, porque solo si vives puedes llorar, al igual que recuperar el sueño, aun estando en medio de los limites, provocando la suerte del olvido….

Por lo tanto, yo… prefiero mantenerme en el centro provocativo a quedarme en el límite de la orilla, mirando solamente de frente mi espejo desdibujado, o el reflejo tardío del amor en olvido.

Si!!! Prefiero la provocación de mi destino y vivir, aunque sea aprendiendo a llorar!!!
Yoyo

domingo, 31 de agosto de 2008

La vida a pinceladas

Una mujer dibujaba sus últimos rasgos descarnados, con pinceladas de lágrimas casi inexistentes, dejó su pincel a un lado y caminó hasta quedar en frente de la ventana, atisbando un hermoso día, con rayos de sol, entre cruzados con sonrisas de pequeños y risueños niños jugando en el parque, de una fuente bebían unos gorriones que chapoteaban en sus aguas, un par de enamorados en un banco y un anciano con su perrito bien amado, ella solo hacia que observar y dejaba de vez en cuando escapar una sonrisa de sus labios, casi invisible e irónica, por ver ese tan bonito panorama, podría dibujarlo, si, pero lo que otro vería como hermoso, ella lo veía como infrahumano, risas y alegrías, amor y placer... todo lo trasportaba al pozo de sus descontentos y se ahogaba cada vez mas en él, ¿porque los demás no podían ver, lo que ni a un palmo se podía oler? Y pensaba que, seguro a esas personas alguna tristeza les dañaba, y en cambio estaban allí riendo y jugando demostrando alegría por doquier ¿y porque ella se sentía tan perdida? ¿Porque no podía reír con alegría? Ella solo veía su vida pasar a pinceladas creadas por bestias, con puños moldeados por niños y con plastilina, pero que de igual modo laceraban su corazón, su espíritu y su rostro, dejándola casi palideciente ante la triste pintura que no hacia ni dos minutos estaba dibujando.


Esa mujer, doliente y errante ante el estado anímico que su vida había creado, sepultaba sus recuerdos en una fría caja de cartón, allí guardo sus tesoros mas preciados y lloró, lloró hasta haber disecado la bolsa de su lacrimal, hasta ver que por mas que llorara, de sus ojos no saldría nada.


Había sido bella, hermosa como una orquídea, como una flor anacarada, esa belleza quedaría por siempre ocultada, siendo visitada de vez en cuando por el dolor y la soledad que ahuyentaba cruelmente su felicidad.


Un buen día decidió cambiar su vida, se levantó y rebuscó un papel en esa caja de cartón que enterraba al fondo del armario, para que la felicidad que yacía en ella no la hiciera daño, busco y busco... aquel trozo de papel y al fin lo encontró permanecía doblado, con un ligero olor varonil y amarillento por los años que habían pasado desde que el mismo nació, en el había escrito solo dos frases bien compuestas y llenas de amor :


”Eres mi niña bella, mi dulce azucena
ven conmigo a compartir una vida plena”


Al leer estas palabras ella comprendió lo que en verdad deseaba, aquello que por orgullo y vanidad alejó de su lado, pero de repente la decisión de una nueva vida cobro figura de diablo que le esbozaba risotadas altisonantes, entonces comprendió que el papel no estaba amarillento por la humedad, si no por los años pasados y enterrados en esa caja de cartón, se miró al espejo y pudo ver que la tersa tez, ya no era tan tersa, y una figura geométrica casi deformada, su cuerpo declinado y apesadumbrado por la soledad con la que había marcado su camino.


En ese momento se dejo caer al abismo de una oscuridad y solo pudo ver a través de sus párpados, ahora medio cerrados un atisbo de luz tan ínfimo y frustrante, roto por el cruel destino que partió sin aviso, añoró a aquel tren que se fue sin hacer sonar la campanada de la última llamada de embarque, dejándola en el arcén cultivada entre deseos, lágrimas y llantos...


“El amor es como el viento, si logras atraparlo, proclámate dueño y señor de sus alas, porque si no lo haces, volverá a volar, y nunca se sabe si te volverá a rozar, no vaya a ser que un día te despiertes entre sabanas mojadas por las lágrimas, y te des cuenta que él, alzó su vuelo en su mejor momento y partió, sin avisarte y entonces podrías darte cuenta que la vida te quedó hecha a pinceladas en un bosquejo sin pena ni gloria”


Yoyo
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...